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Historia y vigencia de prácticas musicales vinculadas al culto a san Baltazar
Investigador: Norberto Pablo Cirio

Por su devenir histórico, en el culto popular a san Baltazar en la Argentina se advierten rasgos de procedencia afro. Aunque comenzó como una devoción impuesta a mediados del siglo XVIII por el clero y la corona española a los esclavos, tempranamente estos han insertado pautas culturales propias, produciendo un sincretismo sui generis. Actualmente, estas pautas se evidencian en algunos principios religiosos, en especial en los vinculados al modo devocional, ya que al considerar al santo como el “patrono de la alegría, de la diversión”, sus devotos lo veneran con música y danza, siendo algunas de estas prácticas de raigambre negra y exclusivas de este culto.
La cultura afroargentina, en general, y sus manifestaciones musicales, en particular, han sido temas escasa y deficientemente investigados hasta hace poco tiempo. Recién con la publicación del libro Los afroargentinos de Buenos Aires de Reid Andrews (1980, publicado en español en 1989), el tema dejó de tratarse sólo en tiempo pasado, pues la formación política-cultural de la Argentina, moldeada por la Generación del ’80, impedía ver la diversidad humana que nos conforman, a favor de un único ascendiente blanco-europeo. Con este libro hubo en nuestro país un significativo viraje de paradigma, pues se inserta en un contexto mundial donde las minorías étnicas y los grupos diferentes comenzaban a cobrar e interés.
Los estudios sobre la música de afroargentina también pueden dividirse en dos grupos, uno la analiza como un hecho pasado y el otro con continuidad hasta el presente. Dada la extendida idea acerca de su temprana desaparición, abundan los del primer grupo, que estuvieron signados por la teoría de que, si bien hubo música negra en la Argentina, esta se fue extinguiendo conforme desaparecía el grupo afro originario, por lo que hacía tiempo no quedaban vestigios. Los escritos del segundo grupo dan cuenta tanto de la vigencia de prácticas musicales propias como de recientes invenciones de tradiciones musicales afrorioplatenses, algunas inclusive por parte de los blancos. El primero en desmitificar la desaparición de los afroargentinos y su candombe fue Frigerio en El candombe argentino: crónica de una muerte anunciada (1993). Para ello se basó en testimonios brindados por afroargentinos contemporáneos quienes hasta por lo menos mediados de los ‘70 lo practicaban en los carnavales del Shimmy Club, la última organización negra de nuestro país, ubicada en Buenos Aires y disuelta en 1980.
Comencé la investigación por iniciativa propia en 1991. Algunas etapas las desarrollé junto a Gustavo Horacio Rey y Walter Alberto Calzato. En 1996 ingresé al Instituto Nacional de Musicología “Carlos Vega” y radiqué allí el proyecto con el título La música afroargentina: Historia y vigencia de prácticas musicales vinculadas al culto a san Baltazar. Concebí mi investigación realizando trabajos de campo bajo dos modalidades: por un lado, prospectar la región del Litoral a fin de levantar un mapa religioso-musical del mismo y, por el otro, detenerme para un estudio pormenorizado y a largo plazo en las capillas que considere relevantes. Lógicamente, esta segunda intención estuvo supeditada a la primera. Dado que la fiesta del santo se realiza en su día -6 de enero- o en sus inmediaciones, no podía trabajar en más de una o dos fiestas al año y, puesto que muchas de las prácticas musicales del culto sólo se actualizan el día del santo, debí seleccionar con cuidado la/s fiesta/s a trabajar cada año. Así, documenté un total de 75 capillas en las provincias de Buenos Aires, Chaco, Corrientes, Formosa y Santa Fe: 41 personalmente y 34 de las que solo dispongo algún tipo de información, que por falta de tiempo o por la distancia aún no relevé. Al presente realicé 18 trabajos de campo a las provincias de Buenos Aires, Corrientes, Chaco y Santa Fe, la mayoría durante el período festivo, trabajando especialmente las capillas de Wilde (Buenos Aires), Empedrado, Saladas y El Batel (Corrientes).
Dada mi especialización en la antropología de la música, me interesa captar el sentido y la vivencia de este culto a través de las prácticas musicales que los devotos actualizan para rendir tributo al santo. A través de su discurso, lo observado en el terreno, la contrastación de fuentes y la indagación bibliográfica, mi objetivo es dar cuenta de la faceta musical afroargentina presente en él. Esta faceta ocupa un rol articulador y representacional preponderante en la vida de sus devotos, pues tras un largo y aún vivo proceso de creación, adaptación, recreación y transmisión que se retrotrae a casi tres siglos, lo manifiestan tanto en prácticas ancestrales como en la construcción de un imaginario negro legitimante en una sociedad que estima autorepresentarse sólo como blanca.
Las principales prácticas musicales de ascendencia afro documentadas al presente son:
1) Danza de la charanda o zemba Practicada sólo en la localidad correntina de Empedrado, se trata de una danza ritual que puede realizarse con tres finalidades: 1) para agradecer y/o solicitar favores al santo, 2) para que su espíritu “baje” a su imagen y, 3) para influir sobre fenómenos naturales, como detener o provocar una tormenta (ara esta última finalidad basta la ejecución musical). Según los informantes más ancianos su coreografía ha cambiado a través del tiempo. Actualmente la realizan parejas enlazadas independientes, integradas por una “dama” y un damo que se colocan uno al lado del otro tomados entre sí de la cintura y van describiendo círculos en cuatro pasos para luego volver de igual forma sobre lo andado. También, realizando los mismos pasos, se baila de a tres (un damo al centro y dos “damas” a sus costados), o en grupo (damos y “damas” intercalados). La ejecución musical es vocal-instrumental. La parte vocal se compone de siete breves cantos semi-independientes, aunque actualmente sólo tres están vigentes. Los textos lingüísticos se expresan en español, con algunos vocablos en guaraní y otros de origen y significado dudoso o desconocido. En general no poseen metro fijo ni rima y los actores afirman que no son de creación humana sino que los hizo el santo y se los enseñó en el pasado. En la parte instrumental intervienen una o dos guitarras, un triángulo y un “bombo” ambipercusivo, los que invariable e ininterrumpidamente acompañan el canto con una única célula rítmica binaria (corchea con puntillo - semicorchea - dos corcheas).
2) Toque de tambores. En muchas prácticas musicales de este culto intervienen una diversidad de membranófonos. Los más destacados son:
2.1) El “bombo” de la charanda o zemba. Es un bimembranófono ambipercusivo de 1,13 m de largo que se ejecuta con las manos por dos personas que se sientan a horcajadas sobre él. Tanto por su exclusivo empleo en este culto, por la ascendencia negra expresada por los actores, como por ser el único de membranófono argentino que se percute con las manos, es posible atribuirle un ascendiente africano.
2.2) Toque de la música de la fiesta con tambora. Por desarrollarse este culto en un contexto criollo, en las fiestas del santo la música tradicional litoraleña (chamamé y vals) y popular (cumbia) ocupa un rol relevante. Solo para esta ocasión estos géneros son ejecutados con el agregado de una o dos tamboras, un membranófono de golpe directo con cuerpo tubular cilíndrico que posee dos parches independientes y se percute con dos baquetas. Los actores afirman que su sonido es “la voz del santo” y que mediante su ejecución el fin lúdico original de los géneros en que interviene se torna en religioso. La tambora es propia y exclusiva del culto a san Baltazar, aunque no se encuentra en toda el área geográfica del mismo. Según mis trabajos de campo se la ejecuta en el centro-oeste de Corrientes (Dtos. San Roque, Lavalle y Goya) y noreste de Santa Fe (Dto. General Obligado).
3) Baile de los cambara’angá. Son devotos que desempeñan un papel histriónico que otorga a la fiesta la alegría necesaria para su decurso, pues están dramatizando el carácter alegre del santo a través de la mascarada. Por ello llevan una vestimenta y parafernalia especial que los realzan del grupo y que, a la sazón, también da cuenta de la africanidad de esta tradición.
4) Baile del candombe. Danza tradicional entre los afroargentinos, al comienzo de mi investigación se bailaba sólo en Saladas (Corrientes). Actualmente se realiza en dos localidades más de dicha provincia, pues desde 1994 se expandió a los pueblos vecinos de La Anguá y Pago de los Deseos. Por otro lado, he documentado que, tras la creación en 1995 de una capilla a san Baltazar en Corrientes, los dueños comenzaron a componer candombes para el día del santo, aunque no para ser danzados sino sólo como canción.

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