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ZIPOLI Y LOS ARCHIVOS DE MOXOS Y CHIQUITOS
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Domenico Zipoli, Itinerari Iberoamericani della musica italiana del settecento, Atti del Convegno Internazionale, Prato, 30 settembre – 2 ottobre 1988, pp. 83:110, Leo S. Olschki Editore, Firenze.

ZIPOLI Y LOS ARCHIVOS DE MOXOS Y CHIQUITOS

WALDEMAR AXEL ROLDÁN

 

Los primeros jesuitas que llegaron a las actuales provincias de Salta y Santiago del Estero, lo hicieron desde el Perú. Predicaron el Evangelio a los indios, y un hermano abrió la primera escuela en Santiago. Más adelante nuevos misioneros pusieron sus ojos en Córdoba, ciudad que se transformó en algo así como el corazón de un suelo privilegiado, en el que los padres Barzana y Angulo lograron atraer a indios y españoles y levantar en 1599 el primer edificio de cal y canto. Se convirtió en sede de la Nueva Provincia Jesuítica, llamada del Paraguay, y desde 1607 hasta los años de la expulsión en 1767 «fue el faro encendido que llevó su luz al gaucho del rancho y de la pampa y al señor de la ciudad».

En 1608 se abrió el Noviciado y dos años más tarde el Colegio Máximo donde se dictaron cursos de filosofía, teología, escritura y moral. En 1614 se erigió la Universidad, la que en poco tiempo fue el grado más alto de Sudamérica en el orden del saber.

Desde la fundación de la Provincia Jesuítica hasta 1755 llegaron desde Europa 22 expediciones de religiosos. Estaban compuestas por voluntarios que con autorización del monarca español o del Provincial General se dirigían a nuestro suelo con el aporte valioso de sus juveniles energías. Venían a completar sus estudios o a iniciar el apostolado, si llegaban ungidos con el sacerdocio. Eran hermanos coadjutores y entre ellos había carpinteros, farmacéuticos, arquitectos, médicos, algunos en verdad insignes por su ciencia, capaces de orientar hábil y cabalmente la Universidad.

Entre estos hombres de la Compañía hubo también artistas de excelencia y músicos de notable valía. Tal, el caso de Domenico Zipoli, nacido en Prato el 16 de octubre de 1688.

Realizó sus primeros estudios de música hacia 1700, en Florencia. [83]

Con posterioridad el Gran Duque lo envió a Nápoles donde trabajó con Alessandro Scarlatti. En Bolonia estudió con Lavinio Vanucci, monje de San Barbaziano y en Roma fue discípulo de Bernardo Pasquini.

Corrían los primeros meses de 1716, cuando Zipoli, el organista más notable de la Iglesia del Gesú, distinguido y valioso compositor, decidió incorporarse al grupo de misioneros que se trasladarían a tierras americanas para consagrarse a la tarea de evangelización. Pero el músico había decidido no sólo cumplir su misión sacerdotal sino además enseñar su arte a los indios guaraníes.

El 5 de abril partió de Cádiz. Llegó a Buenos Aires en julio de 1717 y luego de una breve estada en esta ciudad se dirigió a Córdoba para concluir sus estudios y ordenarse sacerdote. Lamentablemente no alcanzó a recibir las órdenes porque el religioso encargado de consagrarlo tuvo que pasar a Chile como Arzobispo, y cuando llegó su sucesor, el hermano Zipoli ya había fallecido.

De la vida del ilustre pratense en Córdoba, no se sabe nada de manera fehaciente. No hay referencias de su actividad como organista o como maestro de capilla. Las causas del fallecimiento también dieron motivo a cierta controversia, disipada finalmente por los testimonios del padre Lozano quien manifestó que el deceso se produjo por una enfermedad contagiosa [maligna cabe] que lo había molestado durante todo el año.

Cuando se practicó el inventario de los bienes, no se halló nada, ni siquiera una pequeña página de música. Pero hay testimonios que indican que sus composiciones fueron requeridas desde Lima y América meridional.

Hoy, después de 262 años de la muerte de Zipoli continúan los interrogantes señalados, pero por el hallazgo de dos importantes archivos de música colonial, se han disipado dudas acerca de su labor creadora en América y podemos ofrecer testimonios fehacientes de ello.

Fundación de las misiones jesuíticas

La producción del músico italiano con excepción de la Misa en Fa mayor conservada en el Archivo Nacional de Bolivia, en Sucre se encuentra actualmente en dos localidades del oriente boliviano: San Ignacio de Moxos, en el Departamento del Beni y Concepción, en el Departamento de Santa Cruz de la Sierra.

Los agustinos, franciscanos y dominicos llegaron a nuestras tierras [84] en los años del descubrimiento de América. Los jesuitas, a partir del siglo XVI. Establecieron y fundaron colegios, universidades y misiones o reducciones, y estos centros tuvieron características tan peculiares, motivo por el que se diferenciaron totalmente de la vida social, política y económica del resto de los pueblos de los Virreinatos o Capitanías a las que pertenecían. Algunas duraron muy poco, pero entre las que tuvieron arraigo y permanecieron de manera estable, recordamos las de Meta, en Colombia, Maynas, en Perú y Moxos y Chiquitos, en Bolivia.

Las distancias entre unas y otras eran enormes y las posibilidades de acceso, sumamente difíciles, todo lo cual no impidió que tuvieran muchas semejanzas, dadas por los idénticos procedimientos empleados para construir y establecer una misión, por el medio geográfico y por la coincidencia funcional entre los diferentes pueblos que las conformaban.

El área donde se asentaron los hombres de la Compañía de Jesús que fundaron Moxos y Chiquitos pertenecientes a las Provincias Jesuíticas del Perú y Paraguay respectivamente fue establecida por los españoles desde el Río de la Plata. Ñuflo de Chávez, capitán de Martín de Irala, fundó en 1560 Santa Cruz de la Sierra. El primer asentamiento tuvo lugar en el sitio que actualmente ocupa San José de Chiquitos, a muy poca distancia de las pequeñas serranías de la zona, donde confluyen las cuencas de los dos ríos más caudalosos e importantes de América del Sur: el Amazonas y el Río de la Plata.

La ciudad fue objeto de una nueva fundación, pero esta vez el lugar elegido, fue el que actualmente ocupa. Y Santa Cruz fue el centro de donde partieron los jesuitas, para el establecimiento de las misiones de Moxos y Chiquitos.

San Ignacio de Moxos

Las primeras en instalarse, a partir de 1682, fueron las de Moxos, nombre que podría tener tres diversos significados: en lengua aymará, «dulce, grato o melificado», en quechua, «tierra nueva» y como expresión nativa creada por sus propios habitantes, «país llano y boscoso».

Un paso importante para lo que fue la solemne fundación de Loreto el primero de los 12 pueblos perteneciente a la misión mojeña lo dieron a partir de 1674, José del Castillo y al año siguiente, los padres Pedro Marbán y Cipriano Baraze decididos a no salir de aquellas tierras. El sueño de estos religiosos fue tomando cuerpo y de 1682 a 1700, se agruparon los poblados todos de aquellas misiones, «entre el Mamoré de [85] largo a largo en el centro de la oblonga planicie, Baures en la diestra zona del norte y Pampas a la izquierda hasta tocar en la vertiente oriental de los Andes». Estos fueron los tres partidos que integraron la misión de Moxos y de los 12 poblados que se erigieron, San Ignacio, es el que reviste para nosotros mayor importancia, por el acervo musical que atesora.

Concepción

La misión de Chiquitos, fue fundada por el padre José de Arce.

La designación surgió porque «las casas no son más que unas cabañas de paja dentro de los bosques, una junto a otra sin algún orden o distinción; y la puerta es tan baja, que sólo se puede entrar a gatas, causa porque los Españoles les dieron el nombre de Chiquitos: y ellos no dan otra razón de tener assi las cosas, sino que lo hazen por librarse del enfado y molestia que les causan las moscas y mosquitos de que abunda estrañamente el País».

Es una tierra fértil y cálida, entrecortada por serranías, ciénagas, lagunas, bosques, semejante a Moxos por lo húmeda y baja y con ella conforma lo que se llama el Oriente de Bolivia. Chiquitos es el nombre genérico de la región; los habitantes son los chiquitanos, en tanto la Chiquitania es el conjunto de las modernas provincias de Ñuflo de Chávez Concepción, hoy es la capital, Germán Busch, Chiquitos, Ángel, Sandoval y Velasco.

En 1699, luego de sobrellevar enormes esfuerzos para lograr reunir indígenas de lenguas tan diversas como las que existían en la zona, el padre Lucas Caballero fundó Concepción, en ese enorme territorio chiquitano que a fines del siglo XVII tenía 1.000 Km de largo por 500 de ancho y «limitaba al norte con los afluentes del Amazonas, al sur con el río Paraguay y las áridas sabanas del Chaco. Al este lo recortaban extensos curiches que en los mapas antiguos aparecen como un gran mar interior, el lago de los Xarayes. Por el lado del oeste chocaba con el Río Grande».

El poblado debió ser reinstalado porque el sitio elegido en la selva, no reunía los requisitos necesarios para el establecimiento definitivo. Recién en 1722 el padre Benavente logró fundar el pueblo en un sitio adecuado y desde entonces no ha sido modificado.[86]

El Archivo musical de San Ignacio de Moxos

La actual iglesia parroquial de San Ignacio de Moxos tiene sólo 80 años, pues el primitivo emplazamiento de la reducción jesuítica, fue anegado en una de las tantas inundaciones que sufre periódicamente la zona central y norte del Departamento del Beni. Es que las lluvias torrenciales de estío «convierten las plácidas campañas en un solo mar inmenso y navegable en todas las direcciones».

En el coro de esa iglesia se conserva una colección pequeña de manuscritos musicales, pero por variados motivos, sumamente atractiva. Forma parte del repertorio de música eclesiástica que se ha mantenido vivo desde los tiempos jesuíticos. Las particellas se encuentran ordenadas por obras, en cuadernillos de hojas sueltas, abrazadas por pequeñas tiras de cartulina que parecen provenir de paquetes de velas o cirios y éstas a su vez, están separadas por géneros musicales en nueve cajoncillos de un hermoso bargueño tallado.

Gran parte del archivo lo conforman copias recientes hechas por los mismos integrantes de la Capilla Musical, lo que en oportunidades acarrea serios problemas para la trascripción, por la enorme cantidad de errores, especialmente en lo que a división rítmica se refiere. Las copias más antiguas están realizadas con mayor cuidado y las fechas de copiado varían desde la mitad del siglo XIX hasta tan cerca como 1975.

A diferencia de lo que ocurre en Concepción, donde existen diversos volúmenes con partes de varias obras para una misma voz, en San Ignacio, las obras están reunidas con todas las voces existentes, con excepción de alguna que por error podría haber sido ubicada en otro cajoncillo.

La notación es variadísima y se encuentran especimenes de notación mensural diversa de la sucrense negras en Moxos y blancas en Sucre hasta figuraciones muy floridas, características de fines del siglo XVIII. Sorprende además, la existencia de trabajos de músicos chuquisaqueños como Araujo o Julián de Vargas, así como la coincidencia de composiciones entre los archivos mojeño, y chiquitano. Gracias a esto, muchas obras han podido y podrán ser restauradas en su totalidad, como suce­dió con el Tantum ergo de Zipoli, ya que lo que había en Concepción faltaba en Moxos, pero Moxos poseía aquello de lo que carecía Concepción.

En el Catálogo que hemos realizado del Archivo de San Ignacio, identificamos en total 258 obras, de las cuales 4, pertenecen a Zipolí: Te Deum laudamus, Letanía, en Fa mayor, el himno eucarístico Tantum [87] ergo del que hay dos versiones: Una del siglo XVIII y otra posterior y dos páginas de contralto de la misa Santos Apóstoles, la que pudo ser identificada como tal figuraba como obra anónima por la coincidencia con la misma parte hallada en Concepción.

Tenemos la presunción de que en otros pueblos de la región mojeña San Pedro, San Javier, Santa Ana, Exaltación, San Ignacio, San Borja, Reyes, Magdalena, Concepción o San Simón puedan existir repositorios musicales desconocidos hasta este momento, motivo por el que deberá verificarse in situ todo aquello que sea factible. Esta tarea muchas veces podría verse imposibilitada por motivos diversos, entre los que no sólo habría que tener en cuenta el factor económico, sino también la inhospitalidad de la zona por los intensos calores, las lluvias que hacen imposible el acceso y la presencia permanente de insectos que ocasionan muchas molestias. Otro factor que no habría que descontar es la negativa con la que a veces se tropieza en estos trabajos por parte de quienes poseen los materiales que se buscan y sucede como con el perro del hortelano. Sin embargo, estimamos que una firme e intima vocación puede superar éstos y otros obstáculos.

El Archivo musical de Concepción

Hasta el momento, el Archivo de Concepción constituye la mejor muestra de música jesuítica. Procede de las parroquias de San Rafael y Santa Ana. Fue reunido por el arquitecto Hans Roth, quien desde hace quince años se dedica a la restauración de los viejos templos de la región. En 1972, descubrió los manuscritos que todavía utilizaban los maestros de música de esas ex-misiones. Habla tenido noticias de ellos por un informe del historiador boliviano Plácido Molina Barbery quien, en 1958, comunicó que «al menos en la iglesia de San Rafael de Chiquitos, existen las partituras correspondientes a todas las voces del canto y a todos los instrumentos de la orquesta que, copiadas y usadas entonces por maestros de capilla y músicos indígenas todavía las utilizan hogaño sus descendientes con imperfección que enternece, por lo que tiene de irremediable en la amorosa conservación de tradiciones otrora florencientes».

La aseveración en cuanto a la excelencia del archivo chiquitano el catálogo que hemos confeccionado arroja en total 526 obras esta sustentada por la cantidad y calidad de obras que posee de Domenico Zipoli, creador de altas calidades, notable organista y seguramente el más [88] esclarecido músico de todos cuantos habitaron tierras americanas durante el siglo XVIII.

El repertorio de obras vocales del ilustre artista es el siguiente: Letanía, en Fa mayor; himno Tantum ergo; seis salmos de vísperas: Domine ad adjuvandum en Si bemol y en Do mayor, Confitebor tibi, Laudate pueri, Beatus vir y Laudate Dominum; himno Ave maris stella y dos misas: San Ignacio y Santos Apóstoles.

A estos trabajos debemos agregar las obras instrumentales- no sólo de Zipoli, sino también de otros compositores y muchas anónimas con lo que el repositorio de concepción adquiere una nueva dimensión al erigirse en el único de todos los conocidos en América, en el que existe un repertorio de tales características.

En 1716 se publicaron en Roma las Sonate d'intavolatura per organo e cimbalo del músico italiano, quien seguramente trajo consigo algunos ejemplares de las mismas, ya que se encuentran estos facsímiles: Canzona, en Do mayor y en Fa mayor; Pastoral, en Do mayor; Ofertorio, en Do mayor y Verso I, pertenecientes al grupo de obras para órgano. De las escritas para clave, debemos citar: el primer número Partita, de la obra del mismo nombre y dos, de la Suite Nº 3, en Do mayor: Giga-allegro y Allemande, la que curiosamente aparece con el título de Estrellado. Otra composición breve, se encuentra con una denominación llamativa. Me refiero a Retirada del emperador de los dominios S.S., en la que se lee el apellido del autor, pero no ha podido ser identificada como perteneciente a trabajos de mayor significación.

Estimo que estos primeros pasos que han conducido a la posibilidad de ofrecer una perspectiva más amplia de la personalidad de Zipoli, no hacen más que revitalizar el compromiso intimo que debemos asumir cuando trabajamos en investigación, el que debe ser renovado en cada nueva propuesta de trabajo con la convicción que todo conocimiento histórico es en si mismo relevante, con independencia de que durante su re­construcción nos veamos premiados con el encuentro fortuito de obras o datos inéditos reveladores de un movimiento musical de particular significación. La misión social de quien investiga no es la búsqueda del éxito sino de la verdad; el adentrarse en ella alimenta el entusiasmo y torna a nuestras expectativas ambiciosas.

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